Pocas cosas duelen más que una ruptura de pareja. Muy pocas.
No solo por la pérdida de la relación, sino por todos los pensamientos, emociones y sensaciones
que nos secuestran a la vez. Pérdida de un futuro, de un ideal, de un sueño, de la autoestima, y
un largo etcétera.
No puedes quitártela de la cabeza. No duermes. Y no sabes cuánto más vas a aguantar así.
"Te despiertas a las 3 de la
mañana con el
corazón acelerado. Miras el móvil por si ha escrito. No lo ha hecho. Intentas funcionar
en el trabajo, pero tu cabeza está en ella. Miras al futuro y ves soledad, un futuro
incierto..."
Y no es solo el dolor. Lo peor es que no puedes hablar de esto con
nadie. Porque eres un hombre adulto. Porque se supone que tendrías que poder con esto.
Porque te da vergüenza sentirte así por una mujer.